jueves, 16 de febrero de 2017

El barquito

Quédate con esa plaza le dijo su madre esa mañana mientras le servía más café. Ella la miró, al principio con molestia, después con compasión. Así tendrás asegurado tu trabajo en la universidad. Ella puso los ojos sobre la bata de su madre, había dibujos que parecían desprenderse. Tu padre estaría muy orgulloso de ti. Ella recordó la timidez de su padre en los negocios. Notó que en la bata había estampas de paisley, esas figuras que parecen imitar gotas, tocó una y su dedo se humedeció. Vio, entonces, cómo caía una en un platito mientras su madre ponía el pan al centro, de repente, sintió la necesidad de construir un barquito de papel con una servilleta, cuando lo terminó, ya estaba dentro, comenzó la navegación. Su madre continuaba dándole consejos hasta que se dio cuenta que estaba hablando sola.

Guadalupe Ángela

Las pérdidas

Entonces, nos llevaron a una sala, donde un grupo de personas hablaban de sus pérdidas, yo era la más pequeña, mientras ellos hablaban, yo comía tierra y semillitas que encontraba en el jardín. Ellos teorizaban y daban ejemplos, decían frases de superación personal. Una tarde sentí algo en mi empeine, era un tallo delgadito y peludo. Cuando salieron sus hojas y los botones de sus flores, no quise decirles nada, temí ofenderlos.

Guadalupe Ángela

De cacería

Lo colgaron de un gancho que había en el patio. Aún respiraba. Las gotas de sangre se dilataban y el rojo infló formando burbujas para guardar latidos. Me llamaron muy temprano para presumir su triunfo de cacería. Salí, todavía en pijama, y lo vi, estaba de cabeza. Me miraba justo antes de que entrara el cuchillo del más experto en carnicería. Yo temblaba, no sé si de frío. Creí por un momento que él había dicho mi nombre. Muchas noches después usé sus plumas para fiestas de disfraces.

Guadalupe Ángela

La colación

Creía en el prestigio. Sentía una enorme satisfacción al ascender de nivel en la empresa donde laboraba. Dueña de sí en su oficina, apenas saludaba al único amigo que alguna vez le tuvo afecto. Pidió en su lecho de muerte que la enterraran con su escritorio de fina madera con base de cristal. Así lo hicieron, pero a los tres días, los panteoneros lo sacaron, ahora lo usan de mesita para su colación de medio día.

Guadalupe Ángela

viernes, 25 de noviembre de 2016

Revista Kaballinsky

https://elcaballinsky.wordpress.com/

El giro del lenguaje en el discurso amoroso

https://elcaballinsky.wordpress.com/2016/11/15/el-giro-del-lenguaje-en-el-discurso-amoroso/

CORAZÓN: Esta palabra vale para toda clase de movimientos y de deseos, pero lo que es constante es que el corazón se constituya en objeto de donación, aunque sea mal apreciado o rechazado.
Roland Barthes.
Para Antonio

Hace unas semanas me encontré con las Cartas de amor del padre del psicoanálisis Sigmund Freud. Es un volumen de 125 páginas que reúne una parte representativa de las 900 cartas que le escribió Sigmund Freud a su novia, Martha Bernays. Cuando inicié la lectura, pensé en las cartas similares que escribí cuando tenía 28 años. La vida parecía una larga carretera que se ramificaba. Azul metálico era la vida. El amor parecía algo inalcanzable y al mismo tiempo tangible por instantes como luces intermitentes. En aquel tiempo tenía la certeza que las palabras eran llaves. Ahora creo que no solo ellas abren las puertas sino también los gestos y el silencio....

viernes, 14 de octubre de 2016

El error por Guadalupe Ángela

Lamentaba haberle dicho adiós a su vieja amiga, pero más lamentaba  ̶ justo al poner la carta en el buzón ̶  el error ortográfico que reconoció al rememorar las líneas que le había escrito.